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    Perlas del mundo al revés

    Buenos Aires, 28 de enero (Télam, por Walter Vargas). El culebrón que atañe al futbolista Alejandro Domínguez, el `Chori` Domínguez, ofrece un aspecto incluso más interesante que el que podría suponer una benévola sanción de parte del Tribunal de Disciplina de la AFA.

    Más interesante y más penoso, por cierto, es el aspecto que está estrechamente vinculado con la forma en la que Domínguez es evaluado por su propio club.

    Y la verdad, la purísima verdad, es que da vergüenza ajena.

    Desandemos, si no, la cadena de sucesos producidos por el futbolista de apetitoso apodo.

    Cuando llega al estadio de Chaco responde a hostilidades verbales de un grupo de hinchas de Boca con el típico gesto y el típico ademán de tener que neutralizar olores desagradables.

    Luego, en pleno partido, agrede a un jugador de Boca, profiere dichos impropios en perjuicio del árbitro Diego Abal, una vez expulsado lo acosa, persiste en términos no precisamente cordiales, demora su salida y camino a los vestuarios provoca a los seguidores del equipo adversario y se toma los genitales.

    Hagamos las cuentas: Domínguez viola la regla de oro de preservar la integridad física del jugador adversario, perjudica a su equipo y a los hinchas de su equipo, conspira contra el espectáculo, desconoce la investidura del árbitro e incita a la violencia. Bingo.

    (Y conste que se le dispensa el beneficio de la duda acerca de un eventual puntapié en perjuicio de Abal.)

    El tema es que ante semejante puesta en escena, Domínguez fue premiado con algunos aplausos (de esos infaltables e incalificables hinchas que cultivan insólitas ideas acerca de la naturaleza de la pertenencia y la guapeza), y luego, River, o para ser más precisos, algunos de sus dirigentes, se abocaron a defender lo indefendible.

    Se abocaron, en buen romance, a sacar jugo de la política de hijos y entenados que impera en el templo de la calle Viamonte.

    Y como tal parece que la presencia del `Chori` Domínguez en el partido versus Almirante Brown definirá no sé sabe qué frontera entra la vida y la muerte, el victimario devino víctima y que siga, siga, siga el baile.

    Todo parece indicar, y no hay ningún ingrediente que invite a deducir lo contrario, que la AFA será indulgente con Domínguez

    Y River, si fuera coherente con su pilatos, en lugar de sancionarlo (que es lo que sucedería si privara un saludable cóctel de honestidad, justicia y disciplina bien entendidas) terminará felicitándolo.

    En fin, una típica situación de un fútbol, como el argentino, de franco tinte discepoliano, con perdón, desde luego, del gran Enrique Santos Discepolín. (télam)

    wev-acm-rl 28/01/2012 16:11

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