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Médicos cubanos en Brasil, otro capítulo de la “diplomacia médica”

Brasil necesita médicos para cubrir zonas alejadas de centros urbanos (EFE)Brasil necesita médicos para cubrir zonas alejadas de centros urbanos (EFE)

La polémica por el envío de 6.000 médicos cubanos a zonas rurales de Brasil ha renovado la atención sobre la llamada “diplomacia médica”, una de las estrategias políticas más eficaces y controvertidas utilizadas por el gobierno de la isla en las pasadas cinco décadas. El envío de personal médico al gigante suramericano reforzaría el acercamiento a la sexta economía mundial, un aliado que podría sustituir a Venezuela si los herederos de Chávez decidieran romper con La Habana.

Sin embargo, el acuerdo anunciado por las cancillerías de ambos países a inicios de este mes desató el rechazo inmediato de representantes de la comunidad médica brasileña. Los galenos cariocas cuestionan la formación de sus homólogos cubanos y sostienen que Brasil no necesita importar profesionales de la salud.

Los cancilleres de ambos países anunciaron el acuerdo sobre los médicos a inicios de mayo (EFE)Los cancilleres de ambos países anunciaron el acuerdo sobre los médicos a inicios de mayo (EFE)

La disputa entre el gobierno y los médicos

Tanto la Asociación Médica Brasileña como el Consejo Médico Federal (CFM) han rechazado la contratación de médicos cubanos. En un comunicado el 6 de mayo, el CFM condenó “cualquier iniciativa que permita la entrada irresponsable de médicos extranjeros y brasileños con diplomas obtenidos en el exterior sin su respectiva revalidación”. Ese organismo profesional calificó de electoralista el programa de importación de galenos lanzado por el gobierno de Dilma Rousseff.

Los colegios médicos brasileños han criticado la formación de ciencias médicas en Cuba, que a su juicio no satisface los requerimientos para ejercer en Brasil. Además, recordaron el alto porciento de desaprobados en exámenes de revalidación presentados en ocasiones anteriores por profesionales de la isla para trabajar en el país suramericano.

En 2005 el grueso de una brigada médica cubana desplegada en el estado de Tocantins regresó a la isla luego de que un tribunal fallara a favor del Colegio Médico en su demanda contra el gobierno local. Ese grupo trabajaba en áreas de bajos ingresos sin haber revalidado su título ante las autoridades médicas.

El ministro de Salud, Alexandre Padilha, ha defendido su iniciativa como una vía para imitar el desarrollo de países como Australia, Canadá y el Reino Unido, que importan alrededor de un tercio de sus profesionales de la salud. “No puede ser un tabú en Brasil que el Ministerio de Salud tenga una política de atracción de médicos extranjeros, porque otros países lo hacen”, advirtió el titular.

En su cuenta en Twitter, Padilha desmintió noticias sobre una supuesta decisión de vetar a los médicos de Cuba e Irán. “No caigan en el engaño”, escribió a sus más de 81.000 seguidores en esa red social. “Nada de prejuicios hacia ningún país”, aseguró. Medios de prensa habían reportado que el ministro había desestimado la contratación de médicos cubanos por su insuficiente formación, mientras iniciaba negociaciones con España y Portugal para suplir el déficit de cobertura médica en zonas rurales.

Según el informe “Situación de salud en las Américas. Indicadores básicos 2012” de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Brasil dispone de 1,5 médicos por cada 100.000 habitantes, una tasa inferior al promedio de América Latina –1,7—y muy por debajo de la exhibida por Cuba -6,6-, la mayor en el hemisferio occidental.

Cuba y Venezuela han establecido un intercambio de médicos por petróleo (Reuters)Cuba y Venezuela han establecido un intercambio de médicos por petróleo (Reuters)

La “diplomacia médica”

¿Por qué Cuba, un país golpeado por una interminable crisis económica puede enviar médicos a cualquier lugar del mundo? La respuesta emerge de una política implementada por Fidel Castro desde 1960 –apenas un año después de su ascenso al poder--, que ha convertido al sector de la salud en el cimiento de la política exterior de la isla.

Durante más de cinco décadas el régimen de La Habana ha establecido alianzas a partir del envío de personal médico a regiones tan distantes del país caribeño como Timor Leste, una diminuta nación al norte de Australia. Esas embajadas han servido para apoyar a gobiernos de izquierda, ganar votos en Naciones Unidas y otros foros multilaterales, y pagar por ventajosos acuerdos comerciales.

La presencia de profesionales de la salud cubanos en Ecuador, Bolivia, Nicaragua y otros países de América Latina ha sustentado los programas sociales de gobiernos cercanos ideológicamente. En el caso de Venezuela, el trabajo de médicos, enfermeras y técnicos sanitarios ha sostenido las “misiones” de la revolución de Hugo Chávez. A cambio de ese respaldo, Caracas envía diariamente alrededor de 90.000 barriles de petróleo a la isla, bajo condiciones de pago preferenciales.

La vasta presencia de galenos cubanos en África –3.000 especialistas en 35 países—ha garantizado el indeclinable apoyo africano al régimen cubano en los organismos internacionales.

Además, la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) de La Habana ha graduado a miles de médicos de África, América Latina, Asia y un reducido grupo de Estados Unidos.

Si hacia el exterior el “altruismo” de gobierno comunista ha sido una muestra de pragmatismo político, hacia el interior ha develado las sombras de un sistema de salud catalogado de ejemplar por agencias de Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales. Muchos profesionales cubanos se enrolan en las brigadas médicas en busca de mejoras económicas. Aunque el régimen retiene la mayor parte de los ingresos por su labor, la estancia en el extranjero permite a los médicos reunir dinero suficiente para reconstruir sus viviendas o comprar una nueva, adquirir un auto u otros bienes de consumo inalcanzables para sus colegas que permanecen en los hospitales de la isla. El salario medio de un médico no rebasa los 30 dólares mensuales.

Por otra parte, la exportación de la quinta parte del personal médico ha debilitado el sistema de salud pública de Cuba. Quienes cubren las plazas de los “internacionalistas” deben atender más pacientes, a pesar de no haber recibido alzas significativas de salario desde el inicio del boom de las misiones a finales de la década de 1990. El presidente Raúl Castro emprendió una reorganización de la salud primaria en 2008, ante la imposibilidad de sostener un programa de atención familiar creado por su hermano en los años 80.

A pesar de esas limitaciones, la importancia de Brasil en la recuperación económica de Cuba parece haber abierto un nuevo frente para la “diplomacia médica”. Brasilia ha invertido unos 640 millones de dólares en el desarrollo de la Zona Económica del Mariel, al este de la capital cubana, donde se reconstruyó el puerto y se rehabilitaron las vías de comunicación terrestre. El gobierno de Dilma Rousseff también ha ofrecido créditos millonarios para la compra de maquinaria agrícola y la modernización de los aeropuertos, mientras ha asegurado la apertura a empresas brasileñas de sectores como el azucarero, antes vedados a la inversión extranjera.

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