El hombre que ayudó a seis niños de Sandy Hook, víctima ahora del acoso de incrédulos

Por Thomas Castroviejo | Gene Rosen recuerda la ira que sintió el día que salió a cenar. "Estaba sentado la otra noche y un grupo de personas que parecían venir de algún tipo de club se me acercó y uno de ellos me dio la mano. 'Eres un héroe para mí, ¿sabes?', me dijo. Me había visto en televisión. Le di las gracias. Y ahí seguía sentado cuando oí a otro de los hombres decir: 'Está claro que fue una conspiración'. Y eso que era un adulto".

Cosas así le pasan a menudo últimamente a este psicólogo retirado que, a sus 69 años, vive en Newtown, Connecticut (Estados Unidos). Empezaron hace poco, un tiempo después de que Gene Rosen fuera considerado un héroe por ayudar a seis niños que estaban fuera de clase un viernes por la mañana.

Rosen muestra algunos de los muñecos de peluche con los que entretuvo a los niños. (AP Photo/Mary Altaffer)

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No podían entrar en el colegio, le dijeron, porque su profesora había sido asesinada de un disparo. Junto a ella, una veintena de niños pequeños. Era 14 de diciembre y la terrible matanza del colegio de primaria Sandy Hook, a pocos metros de la casa de Rosen, estaba a punto de conmocionar al país.

Gene Rosen, desconsolado por la tragedia. (REUTERS/Joshua Lott)El psicólogo atendió a los niños en su casa hasta que llegaron sus padres y entonces se convirtió en el blanco favorito de los medios. Poco después, el presidente Obama propuso lo que muy pocos presidentes habían propuesto antes que él: endurecer el control sobre el acceso a armas de fuego, lo cual debería, por lógica, frenar matanzas como estas.

Al tiempo, empezaron a surgir teorías conspiratorias que sugerían que nadie había muerto en Sandy Hook. Que todo era una conspiración (o que sí hubo un tiroteo pero que fue Obama quien lo había organizado). Que lo único que se pretendía era modificar la segunda enmienda de la constitución estadounidense, la que asegura el libre acceso a armas de fuego.

Entonces fue cuando Gene Rosen empezó a notar la presión. "No sé qué hacer", suspira. "Recibo llamadas de gente que cuelga en cuanto contesto. Recibo llamadas y e-mails amenazantes. No son amenazas directas, pero se me acusa de mentir, de ser un actor. Que cuanto me están pagando, me preguntan". Una foto de su casa apareció en la Red hace poco. Se le crean perfiles falsos en redes sociales.

Y hay varios vídeos que afirman desmontar el pequeño momento de heroísmo de este hombre que gana dinero paseando mascotas y leyéndoles cuentos a niños en escuelas. En un correo reciente se le escribió: "¿Qué tal van los niños? Ya sabes, los del 'tiroteo'. ¿Qué tal paga el gobierno por participar en un engaño público?".

Un vídeo, en particular, patentiza la fuerza que ha cobrado este movimiento en el último mes: se llama The Sandy Hook Shooting - Fully Exposed y ha alcanzado cinco millones de visionados en tan solo una semana. Rosen se encuentra en el ojo del huracán de este frenesí conspiratorio que es fácil de relacionar con los enfebrecidos defensores de las armas de fuego.

Por eso ha decidido contar su historia: "Tiene que haber alguna forma de avergonzar moralmente a esta gente porque había 20 niños muertos a poco más de un kilómetro de mi casa durante toda la noche", explica. "Y ahí estaba yo con mi mujer porque no podían llevarse los cuerpos hasta que llegara el forense".

Ahora, Rosen necesita que un amigo revise todos los insultos que, sobre él, se vuelcan en Internet a diario. Él ya no puede hacerlo. Se confiesa paralizado por la ira. Como con aquel encuentro en el restaurante. "Me invadió la maldad. Quería pedirle al primer tipo, el que me estrechó la mano, que me vigilara junto con sus amigos porque iba a hablar con el segundo, el que dijo lo de que todo era una conspiración. Quería llevarme a ese segundo tipo a un aparte y decirle: 'Quiero ver qué aspecto tienes. Quiero ver qué aspecto tiene alguien que genera esta perversión. Quiero mirarte a la cara y llamarte gilipollas".

No lo hizo, claro. "Pero es una muestra de la ira que siento. No solo por mí, sino por los niños y por la madre que vino a mi casa esperando encontrarse al suyo pero no lo encontró porque acababa de morir. Quería mirar a este hombre a la cara y destrozarlo. Esa es la ira que siento".

Fuente: Yahoo! España
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